sábado, 20 de marzo de 2010

Debería estar durmiendo. No tengo sueño.



"Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie. Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro."

Curiosa esa manía que tenemos las personas de poner nombre a las cosas.
Ya lo decía la Historia Interminable...
El don de poner nombres. Bastián ponía nombres que otorgaban la existencia, y pertenencia. Todo nacía a raíz de ponerle un nombre.
¿Dónde se encuentran las cosas antes de existir?
Aunque quizás en realidad siempre existieron, pero nadie se dio cuenta hasta que alguien, casualmente, les puso un nombre. No, no existen las casualidades. Sólo existe lo inevitable.
Entonces, ¿están todas las cosas que no existen todavía latentes en algún mundo que se abastece de la imaginación de las personas? ¿Esperando su turno para materializarse... jugando con la suerte y las circunstancias?
Más bien, todo existe. La existencia de las cosas depende de quien las mire (y les ponga nombre) y no de ellas en si mismas. Y no hay más ciego que el que no quiere ver.
Subjetividad. Discrepancias. Incertidumbres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario